Progreso o retroceso: Cuando la sustancia se convierte en un producto de nicho
«¡Siempre hacia adelante, nunca hacia atrás!»
Con estas palabras, Erich Honecker quedó grabado en la memoria colectiva en octubre de 1989, durante su discurso solemne con motivo del 40.º aniversario de la RDA. La retórica política invocaba un progreso imparable, un sistema inquebrantable y un plan infalible. Pocas semanas después, cayó el Muro de Berlín.
La discrepancia entre la realidad proclamada por el discurso oficial y la verdadera y ruinosa situación del Estado ya no se podía ocultar. Lo que se había presentado como una marcha hacia adelante terminó revelándose como un retroceso histórico.
El decorado ha cambiado, pero los mecanismos de autoafirmación resultan familiares. Hoy, ese progreso imparable ya no se llama socialismo, sino innovación, eficiencia y crecimiento. Y mientras las promesas son cada vez mayores, surge la pregunta de cuánta sustancia real hay detrás.

Contenido
¿Qué es, en realidad, la sustancia?
Un contenido puede ser excelente, mediocre o simplemente erróneo; esto se aplica tanto a los proyectos de ley como a los análisis de mercado o a los modelos de negocio.
Sin embargo, la sustancia por sí sola no es un sello de calidad. Lo crucial debería ser, más bien, su calidad y solidez. Que un contenido exista no es lo único decisivo, sino en qué se fundamenta: conocimiento, experiencia, argumentos sólidos y la voluntad de contrastarlo con la realidad.
La calidad no surge porque algo suene convincente o se presente de forma profesional. Solo se demuestra cuando una idea supera la prueba de la realidad.
La burbuja que se autoalimenta
En las plataformas profesionales parece que casi todo el mundo sabe ya cómo funciona el crecimiento. Para cada problema existe una solución rápida y para cada fase empresarial, una fórmula de éxito adecuada.
Sin embargo, no siempre resulta fácil distinguir si detrás hay experiencia sólida o, sobre todo, un buen ejercicio de autopromoción.
El intercambio profesional, las perspectivas diferenciadas y el análisis de problemas concretos quedan a menudo relegados a un segundo plano. Lo que genera atención se percibe. Lo que exige más tiempo y concentración llega a su público con mucha más dificultad.
Y esto no afecta únicamente a estas plataformas. Los mensajes políticos, las estrategias empresariales y los debates públicos también se juzgan cada vez más por lo fáciles que resultan de comprender y por la facilidad con la que pueden difundirse. En política, una ley puede recibir más atención por el mensaje que transmite que por sus efectos prácticos. En el desarrollo de negocio, los documentos estratégicos y los conceptos de transformación brillan durante el pitch.
Al entrar en el mercado se verá si la planificación es capaz de hacer frente a los requisitos burocráticos de Alemania o de desenvolverse en las redes regionales de España, o si, al final, nos encontramos de nuevo ante un puente que necesita reparaciones.*
Precisamente en la intersección entre Alemania y España observo una y otra vez la distancia que puede existir entre una presentación convincente y una ejecución operativa que funcione. Lo importante es si la puesta en escena hace visible la sustancia o encubre su ausencia.
El sistema de los comparsas: la economía de la comodidad
Es cómodo adoptar una afirmación formulada de manera convincente. Y aún más cómodo resulta cuando confirma nuestra propia perspectiva. Escuchamos los mismos argumentos, vemos los mismos ejemplos y, en algún momento, acabamos considerando la repetición una prueba. Esto se aplica tanto a las historias de éxito como a la afirmación de que todo va mal.
Como votantes, consumidores o responsables de decisiones B2B, solemos reaccionar a aquello que destaca rápidamente y suena plausible. Por el contrario, rara vez queda tiempo para comprobar las cosas detenidamente, contrastar informaciones contradictorias o analizar contextos complejos.
Así se crea un círculo: reaccionamos ante contenidos simplificados, las plataformas y los mercados ofrecen más de lo mismo, y la repetición refuerza la impresión de que lo repetido debe de ser cierto.
No todas las afirmaciones pueden verificarse por completo. Pero eso tampoco significa que todas merezcan automáticamente nuestra confianza.
Cuando el acceso importa más que la competencia profesional
En la política, las empresas, los proyectos empresariales, las asociaciones y las ONG, distintos factores determinan quién obtiene un puesto o qué proyecto llega a ejecutarse.
Los contactos y la comunicación forman parte de cualquier organización que funcione. La situación se vuelve problemática cuando dejan de complementar la cualificación profesional y pasan a sustituirla.
¿Qué determina hoy el acceso, el reconocimiento y el ascenso: la competencia o la capacidad de posicionarse con éxito dentro de un sistema determinado?
Los conocimientos especializados, la experiencia y las capacidades demostrables no siempre ocupan el primer plano. Las relaciones, las redes de contactos, la pertenencia a determinados círculos, un relato adecuado o la capacidad de presentarse de forma convincente también tienen mucho peso en ello.
Los instrumentos destinados a mejorar la igualdad de oportunidades también deberían juzgarse en función de si realmente contribuyen a tomar mejores decisiones y de cómo se vinculan, en ese proceso, el acceso, la cualificación y la responsabilidad.
Al final, lo que cuenta es el impacto real. Cuando la imagen que se proyecta adquiere más importancia que el rendimiento y el acceso pesa más que la competencia profesional, el criterio de valoración cambia. Una organización puede conservar así su funcionamiento operativo sin mejorar su calidad ni sus resultados.
Política: Mucho discurso, poca ejecución
Los debates políticos están llenos de exigencias. Se pretende que la economía sea más competitiva, la Administración más eficiente, Europa más independiente y la sociedad más resiliente.*
Muchos de estos temas son reales e importantes. Sin embargo, entre identificar un problema y resolverlo se encuentra el verdadero trabajo político.
¿Qué debe hacerse concretamente? ¿Quién lo llevará a cabo? ¿En qué plazo? ¿Con qué prioridades y qué consecuencias?
No toda declaración política necesita ir acompañada de un plan de medidas completo. Pero cuando las demandas se repiten durante años sin que se concrete una forma de proceder ni se produzcan avances verificables, el lenguaje pierde su valor práctico. La capacidad de actuar se transmite entonces principalmente a través del discurso, pero no llega a materializarse.
Economía: cuando la postura y la actuación no coinciden
Las empresas también se posicionan cada vez más sobre cuestiones sociales, políticas y geopolíticas.* Esto es legítimo. El problema surge cuando la postura pública y la actuación empresarial se alejan claramente entre sí.
Esto incluye posicionamientos sobre sostenibilidad, independencia, valor añadido regional o responsabilidad social. Quien defienda públicamente determinados valores debería poder explicar cómo se reflejan estos valores en las decisiones empresariales, las cadenas de suministro, las inversiones y las colaboraciones.
No se trata de evaluar las decisiones empresariales al margen de su contexto económico y estructural. El capital, el empleo, las relaciones de propiedad, las condiciones del mercado y la responsabilidad hacia los empleados y los accionistas pueden influir de forma significativa en este tipo de decisiones.
Por lo tanto, lo decisivo no es si cada decisión parece coherente a primera vista, sino si los posicionamientos públicos y las acciones reales siguen estando vinculados de forma comprensible.
¿Progreso o retroceso?
Hoy en día, el progreso se anuncia constantemente. Nuevas tecnologías, estrategias, regulaciones, modelos de negocio y conceptos sociales prometen mejoras y valor añadido. Sin embargo, anunciar algo no equivale a ejecutarlo.
El progreso se demuestra en mejores productos, infraestructuras que funcionan, procedimientos más eficientes, modelos de negocio sólidos y decisiones políticas que realmente producen efectos en la vida cotidiana.
Para ello hacen falta conocimientos especializados, experiencia, tiempo y voluntad de asumir responsabilidades. Sin embargo, todo esto resulta difícil de traducir en mensajes simplificados, presentaciones rápidas o historias de éxito capaces de captar la atención.
La política, a menudo, se orienta por la atención mediática; las plataformas, por el nivel de interacción o engagement. Las empresas están sometidas a la presión de los resultados y de los plazos. Y nosotros mismos tendemos a preferir lo que resulta fácil de comprender. Así, la presentación pública suele recibir más reconocimiento que aquello que realmente se ha conseguido.
Por eso, el retroceso no comienza únicamente cuando fracasa un proyecto o cuando una decisión política muestra sus consecuencias. Comienza allí donde nos conformamos con la presentación de una solución, aunque el problema siga sin resolverse.
Reflexión final: Cuando la sustancia se convierte en un producto de nicho
Cuando la sustancia se convierte en un producto de nicho, cambia la forma en que se miden la calidad y el rendimiento, tanto en las empresas como en la política y en los debates públicos.
No tiene por qué producirse un colapso repentino. Es más probable un retroceso gradual presentado como progreso.
Quizá aquí se encuentre precisamente la lección de aquella frase de octubre de 1989. «Siempre hacia adelante, nunca hacia atrás» era entonces la expresión de un sistema que ya no era capaz de percibir su propio estado.
Las palabras clave han cambiado. El patrón fundamental sigue siendo el mismo: se anuncia el progreso, pero no siempre se mide por sus efectos reales.
Al final, depende de nosotros comprobar si lo que se anuncia se corresponde con la realidad y qué camino elegimos: hacia adelante o hacia atrás.
* Estas referencias se mantienen tal como aparecen en el texto original, ya que están vinculadas a determinados contextos del debate político y económico en Alemania.
Sobre la autora
Anja Witter trabaja entre los mercados de Alemania y España. Como fundadora de AWANTGARDE, lleva desde 2012 apoyando a pymes, startups y scaleups en su entrada en el mercado, su expansión y la creación de redes de partners sólidas.
Con más de dos décadas de experiencia profesional en el desarrollo de negocio, combina la claridad estratégica con la ejecución operativa y un profundo conocimiento de las lógicas de mercado.
En sus análisis y observaciones, centra su atención en la interacción entre sistemas, estructuras, realidad y personas, tanto entre Alemania y España como en el contexto internacional.
Nota de género: por razones de legibilidad, en este artículo se utiliza el masculino para los nombres y sustantivos personales. Los términos correspondientes se aplican a todos los géneros en aras de la igualdad de trato. La forma abreviada se utiliza únicamente por motivos editoriales y no implica juicio alguno.
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Imagen (título): Visualización propia, creada con la ayuda de la IA.



